DESDE LA REPÚBLICA HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XX

DESDE LA CONQUISTA ESPAÑOLA HASTA LA COLONIA
15 septiembre, 2018

DESDE LA REPÚBLICA HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XX

Durante el siglo XIX, se siguió explotando, pero en menor escala, los lavaderos de oro de Andacollo. Se sabe que a partir del año 1810, se produjo una declinación de la explotación de las minas y lavaderos de oro en todo el país. Las causas de esta declinación, según los historiadores, serían varias: el estado de guerra y las inseguridades del proceso de independencia, el aumento de los impuestos, la falta de experiencia de los chilenos ya independientes, como capitalistas y cambistas en el comercio del oro, y la falta de herramientas y de la pólvora para explotar los minerales.

Vista del pueblo de Andacollo, de Mauricio Rugendas (1837). En este tranquilo ambiente, queda grabado el árido contexto de la montaña andacollina y su sobria arquitectura (Fuente: Museo Artequín Viña del Mar).

Es en este período de tiempo, durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX, Andacollo comenzó a ser reconocido tanto a nivel nacional como internacionalmente, por una razón muy diferente. Nos referimos al culto y veneración de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo. La fama de la Virgen del Rosario Andacollo se extendió a los países extranjeros. Peregrinos no solamente de Chile, sino también de Perú, Bolivia y Argentina principalmente, acudían al Santuario todos los años, el 26 de diciembre, que es la fecha que se celebra la fiesta de la Virgen según una antigua tradición (“Fiesta Grande”). El 26 de diciembre, la pequeña población de unos 500 habitantes que tenía la pequeña aldea en ese entonces, se multiplicaba con los miles de devotos que acudían al lugar.

En el año 1855, el obispo de La Serena don Justo Donoso, y siendo párroco del Santuario don Buenaventura Casanova, ordena construir las actuales torres gemelas del templo, el cambio completo del techo, la construcción de una nueva sacristía y fortalecer los muros del templo chico. En 1869, siendo obispo de La Serena, don José Manuel Orrego se decide la construcción de un templo más grande, ya que el existente no tenía capacidad para acoger a todos los peregrinos en los días de las fiestas de la Virgen. Los padres Domínicos habían logrado traer desde Roma a un arquitecto que trazara los planos de una de sus iglesias: la Recoleta domínica; de igual manera fue traído este arquitecto italiano de prestigio y de nombre Eusebio Chelli para que diseñara el templo nuevo en Andacollo, con un estilo románico bizantino. El 26 de diciembre 1873, se coloca la primera piedra del templo nuevo la cual fue bendecida por el obispo Orrego, y comienzan las faenas de trabajo para su construcción. La empresa Parker, a cargo del constructor don Roberto Parker, se adjudicó el honor de llevar a cabo este grandioso trabajo, pero los trabajadores contratados directamente por la empresa eran en un número mínimo, por lo mismo, se necesitó de los habitantes de ese entonces para concluir esta obra. Fue así como los andacollinos se hicieron partícipes de esta obra tomando como costumbre los fines de semana de acercarse hasta las inmediaciones de la obra a colaborar principalmente en la fabricación de los adobes. Estas faenas de trabajo se extendieron por veinte años de manera que la inauguración del templo fue el 26 de diciembre de 1893.

Templo Grande de Andacollo (actual Basílica Menor) durante la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo en el año 1895.

Un impulsor de la minera regional, José Tomas de Urmeneta, también realizó labores en la comuna, ya que trabajó la mina de El Toro en 1846, y la de Churrumata años después. En esta última, instaló la primera máquina a vapor para el desagüe y chancado de minerales. También fue propietario de la mina Hermosa. José Tomás de Urmeneta, agradecido del pueblo y sus minas que le favorecieron enormemente, en 1874 creó la Sociedad de Beneficencia de Andacollo que administraría el legado de casas y sitios que él poseía en la comuna. Estas pertenencias mineras de El Toro, Churrumata y la mina Hermosa, posteriormente habrían pasado a manos de los hermanos Videla: don Vidal Videla Hidalgo y Pedro Nolasco Videla Hidalgo.

A mediados del siglo XIX, los depósitos de cobre diseminados en esta zona aseguraron una nueva fuente de prosperidad para Andacollo. Con una técnica basada en la práctica de los lavaderos de oro, el mineral de chalcocita de baja ley se concentró en bateas. Es probablemente, la única parte del mundo donde se ha usado la batea como medio para concentrar minerales de cobre, demostración de esto, es un millón de toneladas de relave que quedan como prueba de la magnitud de este método de operación de concentración arcaica. Posteriormente durante la segunda mitad del siglo XX, se intensificaría la práctica de concentrar minerales de cobre, esta vez utilizando plantas de trapiches y generando una gran cantidad de tortas de relaves, que hasta el día de hoy es posible observar repartidas por toda la comuna. Existen dos minas importantes de cobre que comenzaron a trabajar en Andacollo en las últimas décadas del siglo XIX: la mina Guías Verdes y la mina Hermosa. El caso de la mina Guías Verdes, existe documentación que ya en el año 1873 era trabajada. Por su parte, la mina Hermosa se conoce que en el año 1895 se encontraba operando. Si bien, desde finales del siglo XIX que la mina Hermosa se encontraba en operación, no fue hasta principios del siglo XX, desde el año 1906, cuando Luis Amenabar Ossa adquiere esta mina de la sucesión de don Vidal Videla, que estas faenas adquieren gran importancia y reconocimiento en Andacollo.  Hacia el año 1914, durante la administración de Luis Amenabar Ossa, se realizó un pique y se montaron labores (túneles laterales al pique) para trabajar las vetillas subterráneas de alta ley. Lo que se producía en esta faena, era enviado a la fundición de Guayacan. Las aguas de la mina Hermosa tenían altas concentraciones de sulfato de cobre, que arrojaban leyes de 8% de Cu. Durante la primera mitad del siglo XX, estas faenas estuvieron orientadas a la extracción del cobre mediante piques. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX, que bajo la administración de los hermanos Amenábar, hijos de Luis Amenábar Ossa, don Luis Amenábar Carvallo y Beltrán Amenábar Carvallo, que comienza a utilizarse el método de lixiviación para la explotación del mineral.

Mina La Hermosa. A la izquierda se aprecia la casa y maestranza durante el año 1940. A la derecha el mineral de La Hermosa.

Durante finales del siglo XIX, se hace presente la explotación de otro mineral de importancia en la comuna: el manganeso. Los inicios de la explotación de manganeso se dan en la localidad de Corral Quemado, y datan del año 1884, por la empresa inglesa Chilean Manganese Mines Company. Los trabajos de estas minas marcan el comienzo de la explotación de este mineral en Chile. La entrada en el mercado del Manganeso de Rusia en 1900 hizo disminuir paulatinamente las actividades de los minerales de manganeso en Chile, hasta que finalmente se abandonaron las minas en el año 1904. La actividad en el distrito se habría reiniciado en el año 1937 y durante el año 1938, cuyas faenas eran de propiedad de la sociedad de alemanes Edwin Salz y Adalberto Schweikart. En el año 1941, las pertenencias de Corral Quemado pasaron a la Cía. Manganesos de Atacama S. A., quienes comienzan una explotación planificada y definitiva, debido al requerimiento de manganeso de las naciones fabricantes de armamentos durante la Segunda Guerra Mundial.

Trabajadores en la mina de manganeso de Corral Quemado. (Fuente: Enciclopedia Chilena).

En el año 1895, se crea la empresa The Coquimbo Gold Syndicate Limited, subsidiaria de la compañía inglesa Chilean Manganese Mines Company. Dicha empresa genera una renovación tecnológica para ese entonces en Andacollo, creando una planta de tratamientos de minerales de reducción de oro por cianuración. The Coquimbo Gold Syndicate Limited, llego a poseer y trabajar en ese entonces, tres grandes minas: Las Arenillas, El Toro y Churrumata, con cerca de una fuerza laboral de 200 trabajadores. Lamentablemente, esta empresa y su planta de producción solo opero unos pocos años más desde su fundación. Posteriormente, tanto la planta como las minas que operaban The Coquimbo Gold Syndicate Limited, cuyas propiedades fueron ampliadas, fueron adquiridas en 1934 por la Compañía Aurífera Rosario de Andacollo, quienes tras algunos años decidieron paralizar la planta y vender las maquinarias, construyendo una nueva planta de molienda en Churrumata. En 1949, un grupo de mineros andacollinos adquiere la gran propiedad minera y forma la Sociedad Legal Minera Aurífera Rosario de Andacollo, uno de cuyos socios adquiere para sí lo que queda de la planta antigua y casa administración, readecuando todo para la cianuración de relaves, la que deja de operar definitivamente en 1956. Aún así, la oficina y establecimiento de esta empresa, ha logrado mantenerse en pie hoy en día en el sector del Barrio Martínez. Esta construcción de estilo californiano, con una superficie de 170 metros cuadrados construidos, habría sido fabricada en California (Estado Unidos), y ensamblada en Andacollo por el año 1895.

Antigua construcción que data del año 1895. Su particularidad, reside en el hecho de que fue fabricada en California, Estados Unidos y ensamblada en Andacollo, a petición de «The Coquimbo Gold Syndicate». Pertenece actualmente a la familia Martínez, que aportó al desarrollo y economía de Andacollo.

Lavaderos de oro en Andacollo. (Fuente: Enciclopedia Chilena).

La casi inactividad minera del oro que hubo en el siglo XIX, se prolongo hasta el primer tercio del siglo XX, que fue cuando Andacollo tuvo un nuevo resurgimiento y, por segunda vez en la historia, vino a ser la salvación del país. Producto de la crisis por el fin de las salitreras en el norte del país, miles de cesantes se trasladaron a buscar suerte en otros lugares más beneficiosos. Con el aumento del precio del oro a US$ 35 la onza, originado por la política económica de los EE.UU. iniciada a principios de la década de 1930 y sobre todo por el inicio del Plan Aurífero en Chile en 1932, se produjo una verdadera explosión de la minería del oro en Andacollo. De la noche a la mañana el pequeño pueblo aumento su población de 500 a 20.000 habitantes. Este aumento de población, hizo que se formaran nuevos lugares habitacionales para dar cabida a estos trabajadores, como la actual Población 25 de Octubre o también conocida como “Población Obrera”. Los cesantes de todo el país, comenzaron a lavar oro en los placeres auríferos trabajados en tiempos remoto, siendo el principal de estos, Andacollo. El Gobierno proporcionó bateas, cunas, palas y otras herramientas. Los lavaderos de oro obtenían de uno a uno y medio gramo de oro al día, con lo que su ingreso era mayor que el de los funcionarios de la Caja de Crédito Minero que lo compraban y los de la oficina de la Jefatura de Lavaderos en Andacollo. En 1933, dicha Jefatura contabilizaba 16.000 lavadores de oro en Andacollo, los que elevaron allí la producción de seis kilos de oro al día. Estos lavadores en Andacollo, primero trabajaron los veneros y la grava empezó a lavarse de nuevo. Cuando se trabajo todo lo que quedaba de valor en los veneros, los buscadores de oro siguieron subiendo por las faldas de los cerros y lavando las delgadas capas de material eluvial. Las mujeres y los niños de estos obreros les llevaban el agua en burros. Se destruyeron los campos de alfalfa y los pequeños huertos donde los antiguos residentes de Andacollo habían construido sus viviendas. La resistencia de los propietarios de estos terrenos fue infructuosa contra esta enorme avalancha de gente. Las casas fueron minadas, los árboles arrancados de raíz e hicieron excavaciones hasta en los caminos. Solo por medio de una estricta vigilancia, se pudo impedir que destruyeran los fundamentos del Templo de la Virgen del Rosario, que está situado en un lugar especialmente tentador en la cuenca. Había en la localidad una endémica escasez de agua por lo que firmas inglesas (como se menciono anteriormente), instalaron y operaron sin éxito, dos plantas de concentración de oro en seco. Pero la escasez de agua no impidió que también se instalara una planta de flotación de oro y que en 1938 en Andacollo se amalgamaba oro en 84 plantas de trapiches. A mediados de los años treinta, Andacollo produjo el 43% de todo el oro de lavaderos producidos en Chile. En este periodo la producción media anual de oro de lavaderos fue de 2.013 kilos. Este periodo de  explotación de los lavaderos de oro en Andacollo, habría durado hasta finales de la década de los treinta. Es así como, la producción de 2.510 kilos de oro en Chile en 1938, un año record, ya provenía en un 55% de oro de minas, pues los lavaderos más importantes, incluyendo los de Andacollo, se estaban agotando.

 

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