ALFARERO TARDÍO O DE OCUPACIÓN INCAICA

ALFARERO TEMPRANO
27 agosto, 2018

ALFARERO TARDÍO O DE OCUPACIÓN INCAICA

Quipucamayoc, vestido a la usanza inkaica en la región del Collasuyo. Ilustración: José Pérez de Arce.

El período Alfarero Tardío se define por la incorporación del Norte Semiárido al Tawantinsuyu (Imperio Inca), y se extiende desde ca. 1.450 d.C. hasta los inicios de la conquista hispánica de este territorio.

El Imperio inca fue el estado sudamericano con el dominio más extenso en la historia de la América prehispánica. Se desarrollo entre los años 1.438 y 1.533 d.C., abarcando cerca de dos millones de kilómetros cuadrados entre el océano Pacífico y la selva amazónica, desde las cercanías de Pasto (Colombia) en el norte hasta el río Maule (Chile) por el sur.

Las evidencias incaicas encontradas en Andacollo hasta la fecha, son muy escasas. El principal indicador que nos señalaría la anexión de este territorio al Tawantinsuyu nos remite al nombre que posee la comuna. Andacollo, como muchas de las otras localidades del norte, deriva de la lengua quechua (lengua originaria de los andes centrales y utilizada por los incas) y puede tener las siguientes acepciones: Antacoya, del quechua anta=cobre y coya que tiene dos significados, reina y mina. Si bien algunos autores han señalado que Antacoya significaría “reina del cobre” o “cobre de la reina”, alusión que a nuestro parecer vendría de épocas posteriores a la llegada de los españoles y la irrupción de la religión católica, queriendo validar la importancia de la “virgen” de Andacollo como reina y patrona de los feligreses, por lo que más bien el nombre Antacoya se refiere a la acepción “mina de cobre”.

Otra de las posibles acepciones es el de Antaqullu o “cerro de cobre”, del quechua anta=cobre y del quechua qullu=montón o cerro o del aymara collo=cerro, el que tiene bastante sentido, al considerar la geografía propia del lugar, un lugar enclavado entre los cerros de la cordillera de la costa y uno de los recursos minerales principales que posee. También posiblemente se derive del término Antacori u “cobre y oro”, del quechua anta=cobre y cori=oro, que nos señala los dos principales minerales que se extraen de este lugar.[1]

Martillo lítico de tiempos prehispánicos recolectado en Andacollo.

Como vemos, el tema extractivo del mineral (cobre y oro) es importante en este lugar, no solamente en la actualidad, sino que en épocas prehispánicas, al ser parte de la toponimia del lugar. Los antecedentes históricos y etnohistóricos nos informan que ya desde tiempos incaicos existían lavaderos de oro en Andacollo y nos relatan la leyenda del descubrimiento de los minerales por uno de los capitanes del soberano cuzqueño. Otro dato interesante proviene de la llamada mina “Churrumata”, antigua localidad de raigambre minera conocida por sus bondades auríferas. Según los datos etnohistóricos, los churrumatas o churumatas habrían sido poblaciones indígenas que provenían del sur de Bolivia y que durante el Tawantinsuyu fueron utilizados como mitmaqkunas (grupos de familias separadas de sus comunidades por el Imperio inca y trasladadas de pueblos leales a conquistados o viceversa para cumplir funciones económicas, sociales, culturales, políticas y militares), trasladándolos a diversos territorios como el Noroeste argentino y el Norte Semiárido chileno, donde desempeñarían labores ligadas a la minería. [2] Aunque también existe la posibilidad de que estos grupos indígenas churrumatas, hubiesen sido trasladados en tiempos posteriores durante el periodo colonial, ante la merma de población indígena en la región y la necesidad de mano de obra.

Un informe del año 1792, reconoce en el cerro llamado Los Veneros, en la localidad de Andacollo, la existencia de trabajos mineros a tajo abierto. Dichos trabajos habrían sido realizados por los gentiles, término utilizado para referirse a la población indígena no influenciada por el cristianismo, por lo general prehispánica. Estos trabajos estuvieron orientados a la explotación de oro.[3]

Otro indicio que nos estaría indicando la presencia de estos grupos en Andacollo, tiene relación con la existencia de sitios con representaciones rupestres. Los sitios con representaciones rupestres son lugares donde existen manifestaciones realizadas sobre superficies rocosas, ya sean bloques aislados, abrigos y paredes rocosas, cuevas y afloramientos superficiales.

En Andacollo se han detectado al menos cuatro sitios con representaciones rupestres con petroglifos (grabados realizados gastando la capa superficial de la roca): Los Fierros, Yahuín, Lagunitas y La Cruz-B.

La afiliación que se realiza de estos sitios a tiempos incaicos se hace por la comparación de gran cantidad de motivos y diseños que se asemejan a la iconografía incaica en otros soportes de época incaica (cerámica) reconociéndose algunos diseños como clepsidras, cruces inscritas, círculos y/o cuadriláteros con líneas interiores entrecruzadas a manera de letra X (signo escudo), grecas incaicas y cuadrados con líneas en traslación vertical que se asocian con elementos propios de los lenguajes visuales incaicos. También cabe mencionar, que estos sitios con representaciones rupestres están cercanos a lugares de explotación minera.

Petroglifos de tiempos incaicos presentes en los sitios con representaciones rupestres de Andacollo.

Referencias